El-legado-de-los-hermanos-Kendal-En-busca-de-los-colores-perdidos-–-Gemser-Libros-Personalizado

Nel, Bruna y Mentxi por fin han empezado el cole. Tenían muchas ganas de ver a sus amigos. Pero lo que menos ilusión les hacía era volver a las clases y hacer deberes y trabajos. Seguro que te ha pasado los mismo. No sabéis la suerte que tenéis de ir a la escuela cada día. Para que no se os olvide os voy a contar la historia de los hermanos Kendal sobre lo importante que es leer y recibir una buena educación. El cuento se titula En busca de los colores perdidos.

Había una vez un pueblo gris. Los colores habían ido desapareciendo poco a poco de su vida sin que nadie se preguntará por qué. El cielo se iluminaba de color sólo cuando aparecía el arco iris los días de lluvia. A los habitantes les daba igual, menos a los hermanos Kendal. No dejaban de preguntarse cómo podían conseguir que los colores se extendieran y se quedaran en su pueblo para siempre. Así que se pusieron a investigar por su cuenta. La curiosidad les llevó a buscar entre los libros de la biblioteca. Encontraron un mapa lleno de números, letras y símbolos y decidieron emprender un viaje.
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Empezaron por el norte, pensando que el blanco de la nieve contenía todos los colores, pero después de muchas horas en tren sólo encontraron tonos de gris y blanco. Para grises, ya tenían los suyos. Entonces tomaron un barco y se fueron al trópico en busca del verde, el color de la esperanza. Pero seguían siendo grises como el humo. Viajaron a zonas volcánicas en busca del rojo y hallaron violetas y naranjas. Pero nada cambió. Sus caras continuaron siendo grises como la ceniza. Así que, ni cortos ni perezosos, subieron a un globo en busca del azul del cielo. Y nada, se quedaron como estaban: grises como nubarrones de tormenta. Ya sólo les quedaba ir al desierto en busca de ocres, amarillos y marrones. Tampoco lograron nada.
Cuento legado de los hermanos Kendal - En busca de los colores perdidos – Gemser Libros Personalizados
Resignados y tristes, volvieron a su pueblo gris. Pero no se podían rendir. Cogieron otra vez el mapa y le dieron vueltas y más vueltas hasta que el mayor de los Kendal descubrió que los números y las letras eran referencias bibliográficas. Apilaron los tomos uno por uno en la mesa. Empezaron a acariciar sus lomos y sus tapas, abrieron los libros y empezaron a leer. Pero estaban tan enfrascados en la lectura, que no se dieron cuenta de lo que ocurría a su alrededor. Poco a poco, sus caras, sus ropas y las paredes de la habitación iban adquiriendo color. Al principio eran tonos apagados, pero cuanto más leían, más intensos se volvían. La casa de los Kendal se iluminó de colores y matices. Sus vecinos siguieron su ejemplo. Se pusieron a leer como locos y el color fue volviendo al pueblo línea a línea, párrafo tras párrafo. Colorín, colorado, este cuento aún no ha terminado.
Los hermanos Kendal nos han dejado un legado. Pero no os llevéis a engaño. Los colores están en todas partes: en casa, en la biblioteca, en la escuela y en el parque. Sólo hay que tener mucha curiosidad para encontrarlo. Así seréis felices, aprendiendo de línea en párrafo, de libro en tarea, de trabajo en proyecto. Y cuando veáis un arco iris, pensaréis en los Kendal y en su legado. Y ahora, al cole ¡a buscar colores!
Panchito
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